La cerveza: la bebida que nos conquista

cervezas

Es la bebida favorita de muchos. En los días de calor pensamos en ella cómo si de una salvación se tratase. Fresca, ligera y sabrosa. ¿Ya sabes cuál es?

Hablamos de la cerveza. No lo podemos negar, nos apetece durante todo el año, pero especialmente cuando suben las temperaturas. Y aunque el consumo en España es relativamente bajo en comparación con el resto de países europeos, es la excusa nacional para pasar un buen rato con amigos. Quién no ha dicho alguna vez: ‘¿Tomamos una caña?’.

Aunque la media comunitaria europea está en 77.8 litros per cápita y año, en nuestro país consumimos una media de  68.7 litros anuales  per cápita. Un consumo mucho menor en comparación con países como Alemania o Irlanda, que llegan a consumir hasta 127 litros anuales per cápita.

Aun así, no podemos negar, los españoles somos amantes de la cerveza. Pero… ¿Qué es lo que nos conquista de esta bebida? El disfrute de la cerveza no se inicia con el primer sorbo, sino mucho antes. Sólo con ver como se escancia en el vaso ya de por sí, un regalo a la vista.  Seguidamente nos dejamos llevar por la primera impresión.

La vista.

Cuando la cerveza se encuentra servida correctamente podemos apreciar su color, la textura de la espuma y su duración.

Su color

En ocasiones tendemos a pensar que apenas existen un par de tonos en la cerveza, cuando la gama de colores es infinita. Podemos encontrar cervezas que rozan la trasparencia, y en el extremo contrario cervezas completamente negras.
¿De qué dependerá el color de una cerveza? Básicamente el nivel de oscuridad nos indica el grado de tueste del grano utilizado para su elaboración. Las más tostadas mostrarán tonos más oscuros.

La espuma

Las propiedades a valorar en la espuma de tu cerveza son la cremosidad, la densidad y la adherencia al vidrio.

La espuma varía dependiendo del tipo de cerveza que vayamos a servir. La textura de una cerveza blanca de trigo tiende a ser espumosa, en comparación las cervezas rubias con una espuma más tupida o las de barril, que son sin duda, las más cremosas.

El olfato

Al respirar suavemente sobre la cerveza recién servida podemos identificar la personalidad de la cerveza. Percibimos el aroma penetrante de la malta, el lúpulo e incluso la graduación de alcohol.

El aroma puede variar según el tipo de cereal, la variedad de la cebada, el tipo de levadura y de fermentación. Ya que cuando la fermentación es alta el aroma es más intenso, mientras que la fermentación baja otorga un aroma más ligero.

El gusto

Como ya sabemos, el sentido del gusto del ser humano depende en gran parte de las papilas gustativas. Las cuales son capaces de detectar seis sabores: umami, ácido, salado, amargo, dulce y amiláceo.  Pero también está altamente ligado al olfato, los gases suben desde el paladar hasta las fosas nasales. Nuestro sistema nervioso lo interpretará como matices del gusto, cuando en realidad es una sensación olfativa. Por este motivo cuando nos resfriamos se alteran los sabores de lo que ingerimos

¿Qué gustos podemos encontrar en una cerveza?

El sabor ácido es el más difícil de encontrar, ya que la cerveza de por sí, no lo es. Pero cuando la lupulización ha sido demasiado prolongada puede aparecer. En cambio, el sabor amargo es el más común. Cuando probamos una cerveza por primera vez es lo primero que destacamos de ella.
Las cervezas que tienen su origen en las maltas nos ofrecen un sabor más dulce. Y las cervezas que obtienen más rechazo, son aquellas que tienen un sabor salado, fruto de una excesiva mineralización del agua

Todo esto convierte a la cerveza en una de nuestras bebidas favoritas.

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