Sabores de Semana Santa

Una de las partes más importantes de nuestra cultura es la comida y aprovechamos cualquier festivo para dedicarle un plato especial. En Semana Santa podemos encontrar cantidad de dulces con infinidad de texturas con las que deleitar a nuestro paladar.

torrijas

Lo dulce (torrijas y monas de Pascua)

“Monas de Pascua”, postre de gran tradición en todo el Mediterráneo, es un término que proviene del vocablo árabe ‘munna’ y que significa obsequio. En el siglo XVII era regalo del padrino el Domingo de Resurrección y que el ahijado iba a recogerla personalmente en su casa.

Aquellas primeras monas de masa de pan común han ido evolucionando hacia una masa abizcochada, dulce aromatizada con piel de naranja y limón. Actualmente, la amplia variedad de formas de esta tradicional merienda es infinita.

Su esponjosidad, el color de los huevos decorativos o el sabor dulce que le acompaña son algunos de los factores que destacan de esta merienda típica de estas fechas, que conquista, especialmente, a los más pequeños.

Por su parte, las torrijas son el postre estrella de estas vacaciones. Un dulce que comienza a incluirse en la Cuaresma para compensar los períodos de abstinencia de algunos alimentos.

De la misma forma que la sociedad ha ido evolucionando, las torrijas también.

Cambian sus texturas y sabores – de naranja, horchata, al vino… -  pero sin dejar de ser el postre más típico en Semana Santa.

Pero no sólo el sabor es una de sus características. También el olor. La inconfundible canela espolvoreada forma parte de su identidad. Un olor que despierta nuestro olfato y nos evoca a nuestra infancia.

Lo salado (bacalao, embutidos y cordero)

Pero la Semana Santa no es sólo dulce. Los salados también están presentes en infinidad de platos, especialmente el bacalao.

Este pescado se consume preferiblemente salado dado que su sabor y textura cambia con respecto el fresco. Y suele ser ingrediente habitual en la gastronomía de Semana Santa.

Buen ejemplo de ello es el potaje de vigilia: garbanzos, espinacas y bacalao.  Este plato, que se sirve en Viernes Santo es un reclamo tanto para el gusto como para la vista. Una combinación de texturas, sabores y colores que nos aporta todo lo necesario para una dieta equilibrada.

En cuanto embutidos, debemos citar la longaniza de Pascua. Un embutido típico de la Comunidad Valenciana que, a diferencia de la longaniza o salchicha tradicional, su forma es alargada y está elaborada con carne de cerdo y tocino, además de semillas de anís que le otorga un sabor y aroma característico. En cuanto su textura, es un embutido seco que se disfruta al morderlo. Un alimento ideal para acompañar a la ya comentada Mona de Pascua.

Por último, citar la carne de cordero en los días de Pascua. Una de las carnes con sabor más intenso. Pero no todas las carnes de cordero son iguales. En esta época  año el cordero pascual es el protagonista de la cocina mediterránea. Este es sacrificado cumplidos los 4 meses, pero sin superar el año de vida. Y su carne se caracteriza por ser grasa, visualmente más oscura que la de lechal o recetal, y posee un sabor más intenso.

¿Y tú? ¿Qué sabores, texturas y aromas asocias con la Semana Santa? ¿Cuáles son las características sensoriales que más valoras?

En Consumolab realizamos estudios sensoriales de muchos productos de alimentación típicamente de Semana Santa como dulces, pescados o carnes. ¿Quieres participar? Si es así, apúntate.

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