¿Cómo influye nuestro estado de ánimo en el sabor de los alimentos?

estado animo

Hace unas semanas, en el artículo Comer a oscuras, experiencia sensorial que intensifica los sentidos,  os contábamos que el mundo de la gastronomía está muy condicionado por el aspecto visual de los platos. Numerosos restaurantes ofrecen la posibilidad de “comer a oscuras”. Y lo cierto es que no solo vivimos en un mundo en el que no solo nos alimentamos de numerosos estímulos visuales, sino también por los sentimientos.

Todos podíamos intuir que nuestro estado de ánimo nos afecta en cuanto las preferencias por lo que comemos, en especial el chocolate, pero ahora un estudio de la Universidad de Granada y la Pontificia Universidad Católica de Argentina nos ha confirmado que el estado psicológico modifica el sabor de los alimentos que comemos. Los resultados del trabajo se han publicado en la revista Food Quality and Preference.

En dicha investigación participaron 59 adultos, sin problemas de salud, a los que se les dividió en dos grupos. Aquellos que consumían de manera habitual productos amargos, y en aquellos que no. Todos los participantes saborearon varios productos amargos, no reforzados, bajo diferentes estados emocionales, que habían sido inducidos por profesionales mediante imágenes. A partir de ahí fueron descubriendo que los alimentos sufren variaciones en función del ánimo.

Estados como el estrés consiguen reducir el sabor amargo que nos aporta el café, mientras que la preocupación por nuestro aspecto físico, en concreto el peso corporal, provoca un mayor rechazo hacia el chocolate. Cuando estamos estresados producimos más cortisol que aumenta las ganas de tomar alimentos ricos en grasas. Sabemos que los alimentos grasas y azúcares pueden aliviar los síntomas de angustia porque segregan opiáceos (alcaloides presentes en el opio) que nos alivian.

La relación entre lo que comemos y cómo nos sentimos.

Pero no solo nuestro estado de ánimo modifica el sabor de los alimentos que ingerimos, sino también podemos añadir relación entre lo que comemos y cómo nos sentimos. La alegría, la tristeza o la energía pueden variar según la dieta que decidamos aplicar en nuestra rutina alimentaria.

A pesar de que el chocolate tenga fama de alimento “antidepresivo”, hay otra clase de alimentos que podríamos ingerir para dejar de estar malhumorados o aportarnos una dosis extra de alegría.  Tal y como indica la revista “Muy Interesante“, podríamos incluir en esta lista alimentos como el aguacate, que nos brinda energía y nos hace sentir mejor gracias a sus ácidos grasos Omega 3, que aumentan nuestra mejoría en el estado de ánimo y ayudan a dormir mejor. Otro alimento que deberemos incluir en nuestra alimentación para ser más feliz, el regaliz. Este caramelo imita los efectos de la progesterona y el estrógeno.

¿Pero por qué nos afectan los alimentos de esta manera?

El cuerpo humano produce serotonina y endorfinas por sí mismo, pero la producción natural de estas sustancias se ve estimulada por ciertos nutrientes que se absorben a partir de lo que comemos, en lugar de ser generados directamente por el cuerpo.  Algunos de los neurotransmisores químicos (transmiten información de una neurona a otra) son elaborados por el cerebro a partir del alimento que consumimos. Estos dos neurotransmisores químicos son: la dopamina y la serotonina.

La dopamina (alimentos como la manzana, salmón y huevo ayudan a estimular la producción de dicho neurotransmisor) nos aplacan los estados de alerta, tendemos a pensar más ágilmente, reaccionamos más rápido y sentimos mayor atención y motivación.

La serotonina es la sustancia que está presente en las neuronas y realiza funciones de neurotransmisor. Nos propicia la calma, los sentimientos de tensión disminuyen y se incrementa la habilidad de concentración. Muchos alimentos de consumo cotidiano segregan este neurotransmisor, como la carne, el pescado azul, lácteos o legumbres.

Conocer estos mecanismos de funcionamiento sobre la alimentación nos da una pequeña ventaja a la hora de maneja nuestros sentimientos. En muchas ocasiones basta con escuchar lo que te pide tu organismo. Por ejemplo, cuando estamos frustrados es nuestro cuerpo quien nos pide una comida estimulante como la pizza o un dulce para satisfacer su necesidad de espejar el torrente sanguíneo y hacer que nuestro cerebro sea receptivo a la absorción de transmisores como el triptófano y crear serotonina.

Como hemos visto, podemos afirmar que nuestro estado de ánimo lo puede determinar la alimentación, por lo que organizar de forma sistemática nuestra ingesta nutricional es la mejor manera de mantener constate el buen humor. La mejor forma de conseguirlo es seguir una dieta equilibrada y variada, teniendo en cuenta los componentes de los alimentos y lo que nos aporta. ¡Recuerda! Somos lo que comemos.

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